RODRIGO

RODRIGO

Relación dictada de don Rodrigo Cervantes de la Noche, escribano, de Panamá, León, Sevilla, Olinda y Goa, y de su nieto Pedro Diego Ortiz Cervantes

M. A. Aybar

Recuperado del paquete diocesano de León, en el envío de 1604. Una cuenta guardada tal como quedó: abierta.

En la primavera de 1604 llega un paquete al archivo diocesano de León: la vida de don Rodrigo Cervantes de la Noche, escribano, tomada al dictado por su nieto de catorce años a lo largo de ochenta y seis tardes de miércoles. Va de la rompiente de Nombre de Dios a un ingenio de la costa del Brasil y a los templos vaciados de Goa: comedia, amor, y una culpa escrita en letra clara y redonda. Rodrigo lo escribió todo, y se detuvo, adrede, una palabra antes del final. Ésta es la cuenta que dejó abierta; quien la lee, la lleva.

Mi abuelo se embarcó para las Indias en la primavera de 1525, a los veinticinco años y rozando ya los veintiséis, con una licencia de escribano que olía todavía a la tinta del examinador y la cabeza llena de ideas equivocadas sobre aquello en que se convierte un hombre cuando cruza un océano; y como yo no lo conocí nunca sino de viejo, he tenido que reconstruir al joven andando hacia atrás desde el viejo, como se reconstruye un fuego por la forma de su ceniza, e iré diciéndote con honradez, sobre la marcha, dónde adivino. De una cosa sí estaba seguro, y la decía sin rodeos: que llegó creyendo que la ley era una lámpara que el hombre lleva a los lugares oscuros del mundo, y que las Indias lo fueron curando de esa fe por etapas, con dulzura al principio, y que la primera etapa fue una mula.

Del comienzo de la Parte I.

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